15/2/14

Tan altos como un ser


Tan altos como un ser, los sufrimientos.
La desgracia, de oscuros señoríos.
Y ganando a la vida en poderíos,
la simiente del odio y sus sarmientos.

Se olvidaron las nubes y los vientos.
Las nevadas, la espuma, los rocíos.
Aquella llave de oro de los ríos.
En el cielo del humo, los cimientos.

Era el aire una fauce que se cierra.
Seca la vida. Secos los rebaños.
Tierras solas, inmensamente pobres.

Y en esta sequedad de cielo y tierra,
desde el terrón del ser caían los años
secos. Y los cadáveres salobres.


Del libro inédito Dimensiones de la patria
(Santiago de Chile 1957-Bogotá, 1982)
Soneto IX, tomado de
Luis Vidales - Obra inédita,
Cuadernos de Filosofía y Letras, vol. V, núm. 3,
julio-septiembre de 1982, p. 32.
El libro original
fue robado de la casa del poeta
poco antes de su muerte.

Alguien vino


Alguien vino a mi casa entre los muertos.
¿Lo trajo acaso la vagante brisa?
¿Llegó en la nube que la tarde irisa
o en el olor frutal de nuestros huertos?

Ala del pie lo guía. A pasos ciertos
viene hacia mí. Me abre su sonrisa.
Luz de la patria alumbra su camisa.
Allanó a las distancias sus desiertos.

Alza en el brazo el árbol del trabajo.
¿Quién me trajo al labriego? ¿Quién lo trajo?
¿Cómo vino a mi mente el sorpresivo?

Luego se va del claro entendimiento.
Pero me invade un súbito contento.
Alguien vino a decirme que está vivo.


Del libro inédito Dimensiones de la patria
(Santiago de Chile 1957-Bogotá, 1982)
Soneto VIII, tomado de
Luis Vidales - Obra inédita,
Cuadernos de Filosofía y Letras, vol. V, núm. 3,
julio-septiembre de 1982, p. 31.
El libro original
fue robado de la casa del poeta
poco antes de su muerte.

Tiempos fueron


Tiempos fueron aquellos de bonanza.
El lento y suave huso de los años
hilaba los seráficos rebaños
y la tela del lirio y la esperanza.

Brillaba en la celeste gobernanza
la noche millonaria. Los peldaños
de todos los humanos desengaños
no impedían lograr la bienandanza.

Pero de pronto el cielo fue pequeño
para el aciago día. En campo inerte
gritó en el ser la libertad perdida.

Y fue tan rudo el destructor empeño
que sola, del tamaño de la muerte,
en honda soledad quedó la vida.


Del libro inédito Dimensiones de la patria
(Santiago de Chile 1957-Bogotá, 1982)
Soneto VI, tomado de
Luis Vidales - Obra inédita,
Cuadernos de Filosofía y Letras, vol. V, núm. 3,
julio-septiembre de 1982, p. 30.
El libro original
fue robado de la casa del poeta
poco antes de su muerte.

8/2/14

La ciudad infantil


   Pasaban los hombres manejando sus coches, sus trenes, sus tranvías, sus automóviles.

   ¿Qué era lo que hacían?

   Jugaban.

   Iban en sus juguetes grandes.

   Seguían siendo niños.

   Y volaba y volaba la gran juguetería de ruedas.

   ¡Ah! ¡La ciudad infantil!


De Suenan Timbres
Sección "Estampillas"
2a. Edición, 1976
Colcultura, p. 150

Foto: la Plaza de Bolívar en 1921,
fotógrafo no identificado.

6/2/14

El ángulo facial


Cuando me lo presentaron le dije con inquietud:

- ¿Pero qué hizo usted su ángulo facial?

La boca, la nariz, los ojos, las orejas, fuera de su sitio, aparecían amontonados en su rostro.

-Señor- me dijo el hombre de boca vertical-. Una vez un prestidigitador me escamoteó el ángulo.

Desde entonces sé que, como los paraguas, los rostros tienen una armzón. Y que la armazón de los rostros es el ángulo facial.

De Suenan Timbres
Sección "Estampillas"
2a. Edición, 1976
Colcultura, p. 149

 Ilustración: "El ángulo facial",
(Carlos Vidales, 2014)
dibujo a tinta china y acuarela
a partir de una foto (1926) del poeta.

4/2/14

Santología


¡Oh! ¡Y el trabajo que me costó descubrirlo. Sucedió que yo estaba mirando al santo. ¿De dónde provendrían esos reflejos que lleva en la cabeza? Y de golpe. Cuando menos lo esperaba. Los santos usaron sombrero de copa. ¡Claro! Y un día -al descubrirse- les quedaron en la cabeza los reflejos del sombrero de copa.

De Suenan Timbres
Sección "Estampillas"
2a. Edición, 1976
Colcultura, p. 154


Imagen: San Justino Mártir el Filósofo (circa 100/114 - 162/168),
napolitano de origen griego, sacrificado por sus opiniones,
pues fue denunciado a las autoridades por el cínico Crescencio,
con quien mantenía una polémica doctrinaria.
Lo pongo aquí, con "los reflejos del sombrero de copa",
porque mi padre admiraba a los primeros cristianos
que supieron dar la vida por sus ideas y que sufrieron martirio
a causa del malhadado "delito de opinión",
por el cual tantos millones de seres humanos, cristianos o no,
hemos debido sufrir cárcel, persecuciones y exilio,
cuando no la misma muerte.


3/2/14

Los dos gatos



   El gato y su sombra. Son dos gatos -pero en la realidad no es más que uno. Esto me explica la divinidad. La sombra es un gato más enigmático. Es más gato. Así debieran ser todos los gatos. Untados a la pared. Sería bello verlos andar. Entonces tampoco podría dejar un gato arqueado de señal hasta donde he leído. Pero podría detenerlo en la pared y fijarle debajo un pequeño tomito de almanaque. Un almanaque es un pequeño tratado de filosofía. He intentado hacer una definición. ¡Es tan peligroso! Pero -afortunadamente para mi- el gato ha desbaratado mis ideas -de un salto- y se ha echado en la poltrona -sobre su sombra.

   De un envoltorio de piel -que parece como si una mujer lo hubiera dejado sobre la poltrona- sube una musiquilla constipada.

   Ahora ha quedado en silencio. He visto la musiquilla desteñirse en el aire como un color.

De Suenan Timbres
Sección "Estampillas"

2a. Edición, 1976
Colcultura, p. 155

Composición gráfica:
Carlos Vidales, 2014