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15/2/14

La preguntona


   La noche cae a plomada. Yo voy fumando mi pipa como suelo. De repente lo noto. El humo hace preguntas y preguntas y preguntas ? ? ? ? Sobre mi pipa tiemblan los signos perfectos. Las gentes empiezan a mirarme. Se ríen. Llega un momento en que me aterro. Indago. La calle está donde debe estar. No se ha ido. El poste está en su sitio. La noche anda cronométricamente. ¿Qué es entonces? Un transúnte se acerca y me dice a risotadas:

- Esa pipa está amanerada, ¡señor!

   No le contesto. Pero siento que en mi alma se desbarata algo. Se acaban los signos. Y lo descubro todo. Es esta maldita alma que se la pasa haciendo preguntas.


De Suenan Timbres
Sección "Estampillas"
2a. Edición, 1976
Colcultura, p. 151

Composición gráfica:
Carlos Vidales (2014)
basada en una caricatura
realizada por Ricardo Rendón (1924)

6/2/14

El ángulo facial


Cuando me lo presentaron le dije con inquietud:

- ¿Pero qué hizo usted su ángulo facial?

La boca, la nariz, los ojos, las orejas, fuera de su sitio, aparecían amontonados en su rostro.

-Señor- me dijo el hombre de boca vertical-. Una vez un prestidigitador me escamoteó el ángulo.

Desde entonces sé que, como los paraguas, los rostros tienen una armzón. Y que la armazón de los rostros es el ángulo facial.

De Suenan Timbres
Sección "Estampillas"
2a. Edición, 1976
Colcultura, p. 149

 Ilustración: "El ángulo facial",
(Carlos Vidales, 2014)
dibujo a tinta china y acuarela
a partir de una foto (1926) del poeta.

18/6/08

Rendón y sus caricaturas de Tejada y Vidales

Como ya he contado en mi entrada Luis Vidales según Rendón, la muy famosa caricatura en la que Vidales está representado con cuerpo de sapo fue resultado de una de las frecuentes peleas de amigos que se producían entre el genial caricaturista y el poeta de Suenan Timbres. Sin embargo, la historia sería incompleta si no recordáramos el origen y evolución de los dibujos que hizo Rendón de dos amigos inseparables de aquel tiempo: Luis Tejada, el Príncipe de los cronistas colombianos, y Luis Vidales.

Las dos primeras caricaturas datan de 1924, cuando Luis Tejada todavía estaba vivo:



A la izquierda, Luis Vidales; a la derecha, Luis Tejada. El caricaturista registró fielmente las características más notables de ambos personajes. Vidales era de muy baja estatura. ligeramente barrigón, de piernas rectas y cortas, de boca grande, labios finos, nariz corta y ancha. Tejada era alto, de frente muy amplia, labios gruesos y piernas arqueadas: según quienes le conocieron, caminaba como si estuviera en medio de un terremoto.

Cuando se publicó Suenan Timbres (1926), Rendón dejó de lado la caricatura de cuerpo entero de Vidales y concentró su atención en el rostro, tal como había hecho con respecto a Tejada luego de la publicación en sus crónicas en Bogotá (1923-24):


Vidales (1926) a la izquierda, Tejada (1924) a la derecha. El dibujante ha conservado los rasgos de sus primeras caricaturas y ha precisado algunos detalles. Las cejas y pestañas espesas de Vidales han sido suavizadas ligeramente; los ojos siempre abiertos y un poco tristes de Tejada han sido mejor definidos. La pipa de Vidales es ahora curva, como corresponde a la realidad. Vidales usa corbata de enorme nudo (característica de toda su vida) y Tejada usa lazo negro en lugar de corbata.

Conviene hablar de la historia de la caricatura de 1926, que aquí reproduzco ampliada:


Mi padre tenía por este dibujo un cariño especial. Lo conservó durante toda la vida. Esta caricatura sobrevivió las luchas políticas y los sobresaltos de las cárceles y la clandestinidad, el Bogotazo del 9 de abril, allanamientos policiales, el largo exilio en Chile (1953-1964), las más increíbles aventuras y los más indescriptibles sobresaltos. Pero no pudo resistir la codicia los presuntos "camaradas" que visitaban al poeta durante los últimos meses de su vida, tanto para robarle como para beberse su whisky. Uno de esos sujetos logró llevarse la caricatura y la vendió luego de la muerte del poeta (1990) a la Biblioteca Luis Ángel Arango por la suma de 50.000 pesos. En 1994, durante la única visita que he hecho a Colombia en los 28 años de mi último exilio, encontré la caricatura expuesta en museo de la Casa de Poesía Silva, y con ayuda de María Mercedes Carranza logré averiguar la identidad del individuo que había vendido este dibujo tan entrañable para mi padre. He dicho alguna vez que publicaré el nombre de este sujeto cuando la bilis me lo aconseje. Por ahora me basta con saberlo.

Hay otro aspecto interesante de esta caricatura: ella sirvió de base para la que representa a Vidales con cuerpo de sapo, según ya he relatado en mi nota Luis Vidales según Rendón, y que aquí reproduzco en blanco y negro según el original:


Como se ve, Rendón exageró aquí los rasgos de batracio de Vidales, suprimió las sombras y volúmenes y se limitó a un escueto dibujo de líneas. Mi padre conservaba también el original de esta caricatura y hasta ahora han sido infructuosos mis esfuerzos para seguirle el rastro. Existen sin embargo innumerables copias, porque es la caricatura de Vidales que más se ha publicado y reproducido, tanto en Colombia como en el exterior.

Valgan estas anotaciones para corregir el artículo LUIS TEJADA, por José Gabriel Baena, publicado por la revista Elmalpensante N° 87, junio de 2008, pp. 11-13 (reproducido por NTC..., según el enlace que incluyo) en el cual aparece la mencionada caricatura como si se tratara de Luis Tejada (pág. 12). Fácilmente puede comprobarse el error comparando las caricaturas que Rendón hizo de Tejada y de Vidales, que aquí he reproducido.

Carlos Vidales
Estocolmo, junio 18 de 2008

11/5/08

Luis Vidales según Rendón


Caricatura de Rendón (1926), coloreada por Carlos Vidales (2008). Según recordaba el poeta, la amistad con el caricaturista Rendón estuvo siempre marcada por diferencias de carácter que conducían a veces a disputas pasajeras. Durante uno de esos desencuentros, Rendón quiso molestar a Vidales y lo dibujó como un sapo. Cuando vió la caricatura, ya publicada, Vidales soltó la risa y le dio las gracias al dibujante en estos términos: "Tienes toda mi gratitud, porque como dice Walt Whitman, el sapo es una obra maestra de Dios". Rendón soltó la carcajada y ambos amigos se reconciliaron... hasta la siguiente pelea.

13/2/08

Suenan Timbres en la puerta del poeta (1979)

En los primeros días de abril de 1979 la casa del poeta fue allanada por las tropas del ejército colombiano, por órdenes expresas del general Camacho Leyva. Los hechos ocurrieron de manera mucho más dramática de lo que muestra la caricatura del diario El Espectador (7 de abril de 1979). Los heroicos soldados de la república escalaron la fachada del edificio hasta el segundo piso, donde vivía el poeta – que ya se acercaba a los ochenta años –, destrozaron la ventana de su dormitorio y se plantaron, metralleta en mano, sobre la cama en que reposaban el anciano Luis Vidales y su esposa Paulina. Eran las tres y media de la madrugada.

El peligroso poeta fue maniatado con cuerdas, vendado y conducido a empujones a la Escuela de Caballería, donde debió permanecer de pie durante más de doce horas, sin más compañía que los caballos y los curiosos reclutas que llegaban, uno tras otro, con la misma pregunta:

¿Y vusté, tan viejo y metido a guerrillero?

Luis Vidales fue siempre un revolucionario chaplinesco y, en consecuencia, mantuvo el buen humor y aprovechó para dictar cátedra marxista a los reclutas. Pronto se formó un corro de soldados alrededor del viejo y así todos, soldados y caballos, pudieron oír que ellos eran proletarios, explotados, víctimas del capitalismo que los condenaba a reprimir a sus hermanos de clase y a traicionar su propia dignidad.

Al promediar la tarde, el escándalo nacional e internacional era mayúsculo. Poetas, intelectuales, políticos, jefes de estado europeos y periodistas de todo el mundo asediaban al señor presidente de la República, Julio César Turbay Ayala, indagando por las graves razones de estado que obligaban a maniatar, vendar y mantener en plantón riguroso a un anciano poeta septuagenario. De todas las respuestas que obtuvieron, la más poética y hermosa fue la del comandante de la Escuela de Caballería, general Vega Uribe, quien explicó la arbitraria detención y el brutal asalto al domicilio del poeta con esta frase inmortal:

Es que no sabíamos que este señor fuera tan famoso.

En efecto. En esos momentos, más treinta mil colombianos arbitrariamente encarcelados llenaban las cárceles del país. Ellos no eran tan famosos. Su delito era pertenecer a la oposición. Y muchos millones de colombianos más eran sospechosos y presuntamente enemigos de la democracia. La paranoia oficial era monstruosa.

Los motivos y las causas de la detención del poeta eran
– también – un poco chaplinescos, esto es, tragicómicos. El día primero de enero de ese año, la organización guerrillera M-19 (Movimiento 19 de abril), de cuya dirección nacional yo era miembro, había robado más de siete mil fusiles de la guarnición del Cantón Norte. La operación fue una obra brillante de ingeniería subversiva: un túnel de casi noventa metros por debajo de las muy trajinadas calles de la capital. Pero fue también un ejemplo inmortal de chapucería militar: los responsables comenzaron a caer y las armas robadas fueron recuperadas por los genios del ejército, debido a gravísimas fallas en las rutinas de seguridad de los rebeldes. Y las cosas se complicaron porque uno de los detenidos, quien era habitualmente muy intelectual y muy celoso de los principios (como suele ocurrir), soltó la lengua del modo más lamentable y cantó lo que sabía, lo que no sabía, lo que sospechaba y todo lo demás. Naturalmente, me identificó como miembro de la dirección nacional de la organización, dijo que yo me llamaba Carlos Vidales que mi alias de guerra era... Luis.

Y era cierto. Porque mi jefe superior, el comandante Álvaro Fayad, había tenido la humorada de ponerme el alias de Luis a la hora de repartir los apodos de guerra. Otra chaplinada.

Y fue por eso que el astuto y genial general Camacho Leyva, asesorado por el talentoso general Vega Uribe, quien a su vez era asesorado por los caballos de las caballerizas de Escuela de Caballería, impartió la orden perentoria:

– Detengan de inmediato a Luis Vidales.

De más está decir que mi padre estaba muy contento. Para un revolucionario como él, nada más grato que ser honrado con un allanamiento brutal en la ancianidad, como una confirmación de que seguía siendo peligroso para los cerdos capitalistas. Su Partido, el Partido Comunista, también estaba feliz. Ahora podía mostrar que su poeta, su viejo e ilustre bardo, encarnaba la dura y heroica resistencia de los bolcheviques contra la represión oficial.

A mí todo eso me pareció muy bien, y muy conveniente. Yo estaba escondido, pero salí de mi escondrijo para solicitar asilo en la embajada de Cuba. ¿Por qué? Sencillamente, porque pensé que era mi única forma de aparecer en público sin entregarme a las autoridades, y que mi aparición obligaría al régimen a soltar a mi padre.

Pero los cubanos me negaron el asilo. Me dijeron que esperara, porque el escándalo internacional iba a obligar a los militares a soltar a Luis Vidales.

Así ocurrió. Yo continué en las filas del M-19 hasta el 11 de diciembre de 1979, fecha en que decidí abandonar esa organización por razones que en este contexto no vienen al caso. Solamente diré que hubo en aquel año dos miembros de la dirección nacional del M-19 que se opusieron rotundamente a la operación del robo de armas del Cantón Norte, por considerarla estúpida y aventurera: uno de esos dos miembros era yo. Y no he cambiado de opinión. Así, pues, me pareció deliciosamente irónico y chaplinesco
– tragicómico – que mi padre, comunista y poeta, pagara con el honor de un plantón, vendado y maniatado, un operativo militar de otra organización en cuya dirección se había llegado a proponer mi fusilamiento, precisamente por oponerme a la realización de dicho operativo. El padre, preso y maltratado por lo del Cantón Norte, y el hijo, al borde de la ejecución por oponerse a lo del Cantón Norte. ¿No es chaplinesco?

Estos son, pues, algunos de los entretelones chaplinescos del brutal allanamiento y la arbitraria detención de Luis Vidales, en abril de 1979.